IMPUNTUALIDAD BRITÁNICA

El viernes me voy a Dublín y todavía no tengo la entrada para el concierto, ese evento tan esperado durante más de veinte años. Estoy cansada de las largas que me dan los de la organización, Mark Butler Associates (Londres), que sí que fueron eficientes y británicamente puntuales para apresurarse a cobrar y enviarme la factura después. Primero prometieron que enviarían la documentación (un pase vip y supongo que la agenda de eventos a los que tengo derecho a asistir) quince días antes de la fecha. Hoy es martes, 10 de julio, el evento es el próximo sábado 14 y yo me estoy comiendo las uñas y acordándome de los familiares del Sr. Butler y sus asociados. Porque todo esto llevaba un plus de envío urgente a través de DHL. Y yo llamando a la empresa de transporte y allí no saben nada.
Ay, yo pensaba que la espera se me iba a hacer eterna. La espera del concierto. Pero la fecha se me echa encima, tengo avión y hotel, tengo amiga residente en Dublín dispuesta a compartir una Guinness y a patearse la ciudad conmigo (Chariniiiii… allá voy…), tengo la promesa de contar la aventura a mis íntimos cuando vuelva pero me falta eso, lo fundamental, una entrada que me ha costado un ojo de la cara y que no llega, no llega y NO LLEGA.
Después hay que aguantar que los de las islas se rían de los que vivimos a este lado de los Pirineos. Y es que si en mis tareas cotidianas (y vosotros en las vuestras) incumpliera de semejante manera, hace tiempo que tendría el chiringuito cerrado.
Estoy cabreada y disgustada, no puedo evitarlo. Eso sí, espero que mi próximo post sea alegre y se nutra de la adrenalina de toda esta aventura, el cabreo y el disgusto se habrán esfumado. Hasta la semana que viene.