Clara y Nadal

Año nuevo. Un nuevo tag en el blog. Cero entradas. Observo que, al menos, el año pasado escribí algo más que el anterior. Y que los anteriores. Es un alivio. Una media de dos artículos al mes, qué lujo. Objetivo: mantener el tipo, digo yo. Porque toda la vida he querido escribir, y ahora que tengo el espacio ideal donde dar rienda suelta a mis habilidades más mecanográficas que literarias, me escudo en el eterno “no tengo tiempo” para no dar un palo al agua. En fin, aquí va, pues, una de mis “New Year’s Resolutions”.

Y es que hay quien escribe mucho y bien y, por eso, gana el premio que, una vez en la librería, más me atrae. El Nadal, para mí, es el segundo apellido de unos cuantos escritores y libros favoritos. Qué sería del Nadal sin la generación de los 50. Sin la osadía de premiar “Nada”, la extraordinaria obra de una mujer a la que eternamente recordaremos por esa y no por otra novela, Carmen Laforet. Miguel Delibes. Rafael Sánchez Ferlosio. Ana María Matute. Carmen Martín Gaite. Nombres que algunos seguimos atesorando, resistiendo el embate del best seller, y sosteniendo, entre ellos, a narradores herederos del buen hacer, Marías, Mendoza, Bolaño, Gopegui.

Clara Sánchez es otra escritora de las que nacen historias que te atrapan. Sólo he leído dos de sus novelas, “Últimas noticias del Paraíso” y “Un millón de luces”. Y quizá tengo un recuerdo menos claro del hilo narrativo de ambos libros, y sin embargo sensaciones que tienen más que ver con un estilo claro, que se detiene en lo aparentemente sencillo, en lo cotidiano. Que se mueve en escenarios en los que nos movemos todos, una urbanización, un edificio en el centro de la ciudad, un centro comercial, un jardín. Con personajes trepas, jóvenes inexpertos, perros que ladran con rabia y protagonistas que asisten, atónitos, a lo que espera agazapado detrás de la monotonía, de la cruda realidad.

Al leer el argumento de la novela premiada, “Lo que esconde tu nombre”, no voy a poder resistirme a correr hasta mi librería favorita dentro de un mes. Una apacible pareja de ancianos alemanes retirados en la costa española donde esconden un pasado gris y cruel; un superviviente de un campo de concentración; y una joven ajena a los respectivos pasados del resto de los personajes. Como en el cine, la II Guerra Mundial sigue propiciando argumentos interesantes, como si siguiéramos necesitando rescatar historias anónimas para no olvidar lo que no debe repetirse, para no perdonar al criminal a medida que el tiempo va difuminando su pasado. Sin duda Clara Sánchez lo haya escrito con honestidad y sin dejar cabos sueltos.

CC BY-SA 4.0], via Wikimedia Commons